<script async src="https://pagead2.googlesyndication.com/pagead/js/adsbygoogle.js?client=ca-pub-7170793282602337"
crossorigin="anonymous"></script>
Anocheció en el patio de nuestra casa
Y la salvia se florea violácea entre las nobles picanillas
Aún el limonero lucha para imponerse ante la majestuosidad de la estrella federal
El romero explota con sus pequeñas florecillas lilas.
El tomillo se amarra por primera vez seguro a su terruño
e impone también su aroma de patio antiguo.
El papiro busca como loco imponer su savia egipcia
y combate fervientemente para sobrevivir entre los tacos de reina.
Este reporte es de esta primavera radiante que nace en cada mañana
y sueña con tenerte siempre aquí.
Ya va creciendo el rio y en su cintura pancearemos nuestros botes otra vez.
Martinpescadorearemos nuevamente nuestras ansias de volar al ras.
Luz del litoral.
Peregrina de estrellas.
Luz de camalotal.
Prisionera de paisajes.
Transitar los ecos del olvido
Y atravesarlos
como flechas que no acallaron al conquistador
Elevar mi
canto sobre los desfiles de insensatos como diría Sábato
Y los
discursos huecos de intendentes patéticos
y llenos de
pompas oficiales con olor a naftalina.
Aquí nadie
se acordó que antes del hombrecillo
Sucio en la
justicia pulcrísima de su encantador país
Hubo una
cultura.
Una ancestral
cultura que tenía valores, dioses
Y una
cosmovisión del mundo.
Que caminaba
estas tierras en busca de su alimento
Sin dañar
nada de lo natural
Sin violencias
entre ellos
Tenían como
sus aliados a los animales
y sabían cómo
amarlos
creían que
el hombre se iba al más allá
a través
del río.
Entonces los
150 años de este pueblo
Sigue sin
ver, ni mirar, ni atisbar, nada
Olvidan al
olvidado
A propósito,
y de forma contundente.
Volver a
transitar el olvido es no crecer
Es quedarse
con la mente corta
Es no
incorporar al otro, al que perdió.
Soy hijo de
un descendiente de suizo alemán
Y una goyana
de buena familia
Y no se
para que me meto en donde
Nadie me
invitó
Ciento cincuenta años
Cientocincuenta heridas
cientocincuenta suizos y algunos criollos llegaron
para matar a más cientocincuenta originarios por lo menos,
ciento cincuenta pioneros que trazaron calles,
los caminos, y hasta hicieron un puerto.
conectaron al malabrigo del norte y al malabrigo chico
(como ellos le llamaron al gusano)
para trazar esta parte de la ruta uno.
Cincuenta años que se habló el alemán de la suiza germánica
hasta que Irigoyen le impuso la escuela fiscal.
Cien años que llegaron con la lluvia
y que el viejo Carlos Wirz ja dijo que era pasajera.
Ciento cincuenta años de cosechas del algodón
que ya no tiene cosecheros,
de arróz que se quedó sin valetones.
cientocincuenta años con el cambio medioambiental
y soja, mucha soja y monsanto.
con la ciudad del viejo Romang
aquel que cambió su identidad para uir de la ley de suiza
¿Sabrá Baglietto que estuvo tocando
en la obra cientocincuentenaria de un delincuente?
Son seres amanecidos o atardecidos,
Suelen ser tipos quasisensibles
que nos muestran el mundo
desde otra perspectiva y
hacen realidad ese sueño de que
los barriletes nos vean.
Imaginan tomas de las cosas
desde perspectivas insólitas
y aveces logran descubrir
lo uculto, la cifra exacta
de la proporción
y otras veces filman sintiendose
dioses y todo se ve tan lejos
Usan palabras incomprensibles:
sticks, gimbal, imu
y no se cuantas otras más.
Al pilotar sus artefatos voladores
siempre los veras tensos
y hasta si te fijas bien: Temblorosos
Pero los mas atrevidos vuelan
entre las sombras.
Siempre andan buscando
canciones lindas y sin copyright
(cosa que casi nunca encuentran)
Son combatientes del aire,
insaciables amantes de la naturaleza,
locos prohibidos, incomprendidos
e infinitamente buenos:
los droneros